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  1. UN CUENTO DE NAVIDAD

    12 diciembre 2016


    Ahora que llegan estas fechas navideñas toca intentar ser un poco mejor. Por si ya uno no lo fuera durante todo el año, ahora hay que poner un poco más de empeño y sacar ese extra que todos llevamos dentro.

    A los que trabajamos en el comercio, sacar ese extra, a sabiendas de que a veces el pago es un poco injusto, la balanza está cada vez más desequilibrada y nos vemos saturados en muchas ocasiones porque hay muchos clientes para tan poco personal es pedir demasiado.
    Y es justo en esas ocasiones cuando hay que sacar ese plus para demostrar a todos que nada va a poder tumbarnos, que la situación está controlada y que aunque vivamos de los clientes, allí el verdadero protagonista es el que está detrás de la caja, poniendo una cara amable y regalando una sonrisa, aunque a veces cueste dibujarla.

    Yo, en la pequeña parte que me toca, intento siempre esmerarme y ser un poco mejor. Aunque mis compañeros dicen que yo hablo demasiado y a veces me esmero en demasía. Cuando puedo intento envolver el regalo de una forma un poco más especial, darle un pequeño toque que lo haga diferente. 
    Hay veces que el cliente lo agradece, hay otras veces que el cliente o no puede o no quiere esperar dos minutos más y hay otras veces en las que el destino te devuelve el regalo con creces.

    Una tarde de Navidad, inmerso en el jaleo de público y prisas, andaba yo atendiendo a un matrimonio con un pequeño que había pedido a Los Reyes una bicicleta. El primer error de los padres fue venir con el niño, pero querían estar seguros de que el tamaño se ajustaba a su altura y el peque probó la bicicleta. Imaginad a un niño, a pocos días de reyes probando lo que había pedido en su carta a los magos de oriente. Imaginad la cara del niño cuando tuvo que bajarse y comprobar que la bicicleta se quedaba allí y que él tenía que irse a casa igual que había venido. Tú cuéntale a un niño la historia de que los Reyes la traen, que faltan pocos días…
    Que no, que el crío dijo que no se iba sin la bicicleta. Y los padres con cara mustia y el crío a punto de una pataleta de las gordas. Aquí es cuando entra en juego lo que os contaba al principio de sacar un poco más, ese poco que hace que nuestro oficio tenga un sentido especial en estas fechas.
    Viendo que el niño no se quería marchar, viendo que los padres ya estaban hablando más alto de la cuenta y notando que mi sonrisa ya se estaba arrugando observando la típica escena navideña me acerqué al pequeño y le dije con un tono amable:

    - No te puedes llevar la bicicleta, la tengo que apartar y ponerla junto al resto de tus regalos para que la lleven a casa la noche de reyes.

    El niño me miró con cara rara, como viendo a otro que le iba a embaucar para no llevarse su bici a casa. Así que ya puestos, y viendo que no estaba dispuesto a ceder y sin dejarle hablar le dije de nuevo:

    - Nosotros en realidad no somos vendedores, somos los ayudantes de los Reyes Magos. Ven conmigo, te voy a enseñar algo que ningún niño debería ver.

    Los padres ni sabían que iba a hacer, pero accedieron a que su hijo me acompañase. Lo llevé a la entrada del almacén donde tenemos los apartados de Navidad y Reyes. Allí había un montón de bicicletas, patinetes, bolsas y regalos empaquetados.
    El peque no pudo abrir la boca, lo que si abrió fueron sus ojos, los tenía como platos mirando todo lo que había allí dentro. Y me preguntó si daba tiempo en toda una noche repartir tantos regalos. Yo le expliqué que parte de nuestro trabajo era ayudar a organizar el trabajo a los Reyes para que les diera tiempo, que el día 5 por la noche nos quedábamos hasta muy tarde trabajando para que todos los regalos estuvieran en todas las casas a tiempo.

    La cara de los padres ya era otra cuando regresamos al departamento, la madre sonreía de forma distinta y el padre me dio las gracias de mientras el niño contaba exaltado lo que había visto. Pero había que terminar de una forma especial, así que me dirigí de nuevo al peque y le dije:

    - Ahora, para que no haya ningún problema, vamos a escribir tu nombre en un papel y lo vamos a poner en la bicicleta, así los Reyes no se equivocarán.

    Y dicho y hecho, apuntó en un papel su nombre para ponerlo luego en la bicicleta. Y la madre se llevó al niño de mientras el padre se quedaba haciendo la operación, por supuesto, con el papelito que había escrito el niño.

    Al día siguiente, de mientras preparaba el envío de la bicicleta, me paré un minuto para escribir en el ordenador, con letra bonita, una nota que decía:

    "Queridos Reyes Magos:
    Esta bicicleta es para Alejandro."

    Y la pegué en el manillar de la bicicleta y la empaqueté en su caja. Y hasta aquí la historia. Mi regalo llegó bastantes días después.

    Pasada ya la Navidad, yo andaba una tarde sumergido en mis tareas inmerso en la vorágine de clientes de los primeros días de rebajas, cuando de repente un niño se me acercó con un sonriente “hola”. 

    Lo reconocí al instante, era Alejandro, venía con su padre. Traía en sus manos la nota que dejé en la bicicleta para devolvérmela. Se me puso el vello de punta, a punto estuvieron las lágrimas de brotar de mis ojos. Y le dije que la nota era para él, para que recordara siempre que los Reyes Magos existen.


    Hay veces que el destino nos devuelve con creces y de forma inmaterial un gesto sin importancia. Son esas veces las que guardo, esas veces son las que me ayudan a seguir sonriendo.

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  2. Forever Queen

    11 septiembre 2016



    Una de las canciones más conocidas del grupo Queen es ‘A Kind of Magic’, que traducido significa “un tipo de magia”.


    Pues bien, en pocas palabras ese es el resumen del concierto que tuvimos la suerte de presenciar el pasado viernes 9 de Septiembre en el Estadio de la Cartuja de Sevilla.

    La banda que mejor representa el tributo a Queen , los argentinos que componen ‘Dios Salve a La Reina’ nos dejaron impresionados a todos con una magnífica puesta en escena, digna de la banda a que homenajean en sus giras.

    Ya con menos calor, y con menos tiempo de espera, la única duda que mis hijos y yo teníamos era si elegir pista o grada para saborear el concierto, así que decidimos mitad y mitad, primero a pista y luego ya, cuando estuviéramos más cansados nos iríamos a sentar hasta el final. Así que a las ocho de la tarde nos pusimos los primeros apoyados en la valla a esperar impacientes a que transcurrieran las dos horas que faltaban para el inicio del espectáculo. Y armadosde paciencia y con bebidas empezamos, como pasa siempre, a charlar con los vecinos de pista. Nuevos amigos de Ciudad Real y Cáceres con los que compartimos la pasión que nos une por Queen y la herencia que vamos dejando a nuestros pequeños. Y como siempre pasa compartir números de teléfonos para luego compartir las distintas fotos por Whatsapp y Facebook. 

    La espera se hizo corta y aunque el grupo no saldría a escena hasta bien pasadas las diez de la noche bastaron 30 segundos para, y me remito a las primeras palabras de este texto, convertir aquello en algo mágico.

    Una intro de más de seis minutos donde Pablo Padín (voz), Francisco Calgaro (guitarra), Ezequiel Tibaldo (bajo) y Matías Albornoz (batería) nos dejaran a todos primero atónitos con una magistral puesta en escena y segundo afónicos de chillar. 

    Y si, empezó la magia, porque con 'Under Presure' pimero y ‘Another One Bite The Dust” ya empezamos a saltar y a dar palmas como locos y empezar a recordar lo mejor de los conciertos de Queen.



    Pablo Padín, aparte de tener una voz excepcional hace una imitación exacta de Freddie, ya que imita todos sus gestos a la perfección, cuidando hasta el más mínimo detalle como la barra del micrófono que le acompaña en el escenario. La guitarra de Francisco es igual a la que usa Bryan May, e incluso usa su mismo cable rizado para dar el mismo toque de sonido, sus solos te hacen vibrar por la perfección y virtuosidad. Ezequiel destaca en las canciones donde el bajo es el protagonista, temas como Under Presure, Another One Bite The Dust, A Kind of Magic dejan latente que el bajo de John no ha caído en desuso. Matías a la batería imprime el ritmo necesario para acelerar al público, igual que lo hacía Roger desde el centro del escenario.

    PABLO PADÍN - Voz


    Y si antes decía magia, lo vuelvo a repetir, porque realmente aquello fue mágico. Y no lo digo en sentido figurado, lo digo porque a los pocos minutos nos olvidamos de Pablo, Francisco, Ezequiel y Matías y sobre el escenario todos los presentes veíamos a Freddie, Bryan, John y Roger.

    FRANCISCO CALGARO - Guitarra

    EZEQUIEL TIBALDO - Bajo

    MATIAS ALBORNOZ - Batería


    Y ahí está la magia.

    Por mi parte, me dediqué a lo que más me gusta, que es a tomar fotos desde distintos puntos del recinto. Más de 300 fotos para rescatar 79 que quedan para el recuerdo de una gran noche, de un gran concierto, de un merecido homenaje a mi banda de cabecera.

    Y no acabó la magia con la noche del concierto. Al día siguiente la banda eligió estas dos fotos como las fotos oficiales del evento, fotos que les envié nada más salir. Y Pablo además eligió la suya como foto de perfil para su página en Facebook.



































    Mis hijos lo pasaron genial, los que estaban alrededor, aún mejor. Y para guinda, hasta apareció Spiderman con el que pudimos hacernos una foto de esas raras de los conciertos.



    De todo lo bueno, me quedo con el abrazo de mis hijos saltando y cantando a coro el Don’t Stop Me Now. Gesto que hizo saltar las lágrimas a una de las chicas que estaba a nuestro lado. 





    Y ya hasta el final un repaso intenso por las mejores canciones coreadas por el público, ‘We Are The Champions’, ‘Who Wants To Live Forever’, ‘Radio Ga Ga’, ‘The Show Must Go On’, ‘A Kind of Magic’, ‘I Want to Break Free’ con Pablo vestido igual que Freddie en el vídeo oficial o ‘We Will Rock You’ con todo el estadio haciendo palmas al ritmo que marcaba la batería.




    Y como colofón no podían faltar la melódica y pegadiza 'Crazy Little Thing Called Love' que nos hizo bailar a todos y el maravilloso 'Bohemian Rhapsody' con Pablo al piano, ya con el torso desnudo.

    Y nada más y nada menos. Como siempre todo mi agradecimiento a los que han hecho posible estas más de dos horas de magia. A los que conocimos en la cola, a los que conocimos en la pista a la chica que me preguntó si yo era fotógrafo profesional al ver las fotos que andaba haciendo. A la chica del cañón de luces que se llevó un susto de muerte al ponerme a su lado en plena oscuridad a tomar fotos, a las chicas de la barra con esos labios pintados de verde, a Spiderman por la foto y Javi, community manager del grupo, por pedirme el set completo de fotos para el grupo.

    Pero especialmente a mis dos hijos, por volverme a dar la oportunidad de revivir a Queen en su mejor esencia, de volver a escuchar a Freddie en directo, de volver a sentir la magia.



    El set completo de fotos del concierto lo podéis ver en ESTE ENLACE


    Salud y suerte, Freddie Lives.
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  3. ALMAS DE METAL

    17 julio 2016



    Unos dicen que la magia de un concierto empieza cuando adquieres las entradas. Otros dicen que comienza la magia con el primer compás de música. Cada uno de nosotros entiende por magia ese momento donde se prende la mecha que termina detonando en el escenario del concierto.

    La magia de este concierto comenzó sobre las 10 de la mañana, cuando mi hijo me comentó que ya había colas en el estadio. Nosotros teníamos pensado salir sobre las 6 de la tarde, estamos unos 100 kilómetros así que sobre las siete y media ya sería buena hora para ponerse en cola hasta las diez, hora en la empezaría el concierto.


    Pero claro, con esta noticia, los planes hubo que cambiarlos y nos pusimos en ruta sobre las dos de la tarde para llegar a la entrada del estadio sobre las tres y media de la tarde, en verano, en Sevilla…

    Una ojeada, pillar sitio bajo el puente a la sombra y ponerte a la cola. Allí había unas cien personas, todas cobijadas porque caía un sol de justicia que te quemaba al rozarte y no corría ni una triste brisa. Unos chavales a nuestro lado se rociaban agua con un atomizador, de mientras sacaban cervezas de una nevera. Aquí estaban nuestros primeros fallos, nosotros sólo llevamos un par de bocatas y dos botellas congeladas, una de agua y otra de refresco.

    Menos mal que en las colas de los conciertos existe la solidaridad y se hacen amigos en un momento. Ruth, así se llamaba la chica, y su novio Miguel llevaban allí un buen rato y enseguida entablamos conversación y compartidos el atomizador de agua. Realmente, a la sombra hacía calor, pero no un calor asfixiante, eso nos lo guardaron para una hora más tarde. Yo pregunté cuando se abrían las puertas y me dijeron que sobre las cinco nos ponían en el zigzag para el túnel de entrada y hasta las ocho no se podía acceder, por eso, en un alarde de generosidad no abrirían el acceso hasta las siete para dejarnos a la sombra el mayor tiempo posible.

    Ni caso, a las cinco la multitud empezó a moverse y se agolpó a la valla que daba acceso al túnel por el que teníamos que entrar nosotros. Y ahora si, ahora nos tocó estar a pleno sol, a las cinco de la tarde, en verano, en Sevilla.

    Y como no podía ser de otra forma, o te lo tomas de broma o te da un síncope de el calor. Ruth y Miguel nos acompañarían ya hasta la misma pista. Y así durante una hora nos tuvieron al sol y luego pasamos al zigzag para esperar poco más de una hora, también al sol, para acceder al estadio.


    Y aquí ya hicimos más amigos, y más fotos, y más risas, y más cervezas, y mucho hielo sobre la cabeza, mucho. Y buscando algo de sombra para intentar sofocar el calor.



    Antes de las ocho, se ve que algún alma caritativa nos vio la que estábamos pasando, nos dejaron pasar al estadio y una vez dentro correr hasta ponernos casi al pie del escenario. Y allí conocimos a Cristina y a José Antonio. Y luego a Nerea y a Cristian.

    Y sentados sobre la lona azul que protegía el césped compartimos experiencias, cervezas, humo, más calor pero ya a la sombra y nos intercambiamos nuestros números de teléfono y nuestros “facebooks” para no perder el contacto y poder intercambiar luego las fotos.


    A las nueve salieron los teloneros, una banda londinense llamada “The Raven Age” que sonaba bien y fuerte. Su líder es George Harris, hijo del legendario Steve Harris, bajista de Iron Maiden.

    Su rock metal melódico sonó durante cuarenta minutos fuerte y bien. Tanto que subieron la temperatura para dejar a quince mil almas de metal a punto de ebullición para dar carpetazo a la espera de toda una tarde. En pocos minutos el escenario se desnudaba de sus telones negros e íbamos asistiendo absortos al decorado que escenificaría “The Books of Souls” (El libro de las almas).




    Ya no os voy a contar que significa ver a Iron Maiden en directo. Fue mi primera vez, pero de lo que había leído a lo que vimos hay un largo trecho. Algo que no se puede definir con palabras.

    El concierto fue una rememoración de sus cuatro décadas donde la potencia del sonido, la energía de las luces y las voces de los asistentes dejaron patente porque la banda británica es de los más altos referentes del heavy metal mundial.


    Si bien las nuevas canciones levantaron el ánimo de todos, la temperatura llegó a su máximo cuando sobre el escenario sonó el material antiguo; “Childrens of the damned”, “Iron Maiden”, “Feat of the dark” o la mítica “The number of the beast”.



    El colofón final llego con “Wasted Years” superada ya la medianoche en un idilio entre los componentes de la banda. Una noche para no olvidar, un día para recordar.

    Gracias a todos con los que compartí un momento del concierto. Gracias por hacernos pasar un rato distinto y agradable con gente que no conoces de nada, pero con las que compartes una cultura que hace que haya un “feeling” especial y donde nadie es desconocido.

    Gracias a Ruth y a Miguel, por esos buenos ratos en la cola, por el hielo, por la cerveza y por el paraguas, que aún me pregunto si se acordaron de recogerlo.


    Gracias a la señora que nos ofreció las butacas de playa para sentarnos un rato a cambio de guardarles el sitio de la cola.



    Gracias a la chica que me dio una zanahoria para recargarme de azúcar.

    Gracias al chico con el que estuve hablando de aviones y a su novia con la que estuve hablando de fotografía.



    Gracias a Nerea y a Cristian con los que compartí fotos dentro del estadio.



    Gracias a María y a su hermano por la charla.



    Gracias a Cristina y a José Antonio por compartir lona, cerveza, tabaco y rock and roll.

    Gracias a la chica de la barra que se prestó a la foto conmigo y la otra chica de la barra que posó para la foto. Gracias a ellas dos que me dieron cubitos de hielo para repartirlos entre “mi gente” y soportar un poco mejor el calor.



    Gracias al que me invitó a una cerveza en el túnel de salida sin conocerme de nada diciéndome que soy “un tío cojonudo”.



    Y gracias especialmente a mi hijo, por darme la oportunidad de volver a revivir algo que ya tenía olvidado, un gran concierto; con todo lo que ello lleva implícito y que acabo de relatar en las líneas de arriba.



    La galería completa de fotos del concierto la puedes ver en esta GALERIA DE FOTOS

    Larga vida al Rock And Roll.
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  4. Ya ha pasado todo, casi no me caso hoy, con las prisas se me olvidó ir a buscar el permiso al obispado, porque hoy 5 de Junio de 1994 es la festividad del Corpus y hemos tenido que pedir un permiso para poder casarnos.

    Menos mal que el tío de mi mujer se acordó y fue a buscarlo ayer, porque si no dejamos a todos compuestos y sin novios.

    Con las prisas, los nervios, el coche que pinchó justo al salir para la iglesia yo ni me he acordado, de hecho nadie se acordó de ir a recoger el permiso. Pero ya ha pasado todo, llenos de arroz por fuera y un poco por dentro ya estamos haciéndonos las fotos para el recuerdo de un día tan señalado.

    Y de esta anécdota han pasado ya 22 años, y el otro día un compañero me preguntó si me volvería a casar y la respuesta fue inmediata, un SI tajante. Porque de aquel día tengo recuerdos fugaces, se me pasó volando y casi no lo disfruté, pendiente de que la gente lo pasara bien al final te olvidas que son los novios los que lo tienen que pasar bien.

    Tal día como hoy, hace 22 años, un servidor contraía matrimonio en el Santuario de Nuestra Señora de La Cinta, desde hoy hemos pasado por casi todo, y al final haciendo balance lo bueno sigue pesando más que lo malo. Porque de eso se trata de llevar a buen puerto el barco atravesando la mar en calma y la tempestad.



    Como suelo enredarme mucho cuando doy rienda suelta a mis dedos simplemente dar las gracias a mi compañera de viaje, los que me conocéis de cerca y desde hace tiempo sabéis que yo sólo he tenido una novia, la que hoy es mi mujer. Ella me ha enseñado a ser y a estar. Y con eso me basta y me sobra.

    Y así quiero seguir muchos años más. Junto a ella, disfrutando del paseo de la vida.
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  5. No al acoso escolar

    13 mayo 2016



    Acabo de escuchar en TV, hablando sobre el acoso escolar, algo que me ha puesto los pelos de punta. Una psicóloga ha dicho:

    "el agresor agrede más al que mas aguanta la agresión"

    O sea, que el agredido tiene que volverse un rebelde para que al agresor deje de hacer sus fechorías y se centre en otro objetivo.
    Según esta psicóloga el agresor quiere llevar al límite al agredido para saber hasta donde puede llegar a someter a su agredido.

    Yo es que con estas cosas me arde la sangre. Desde siempre, desde primaria, los profesores de mis hijos me han dicho que a los alumnos problemáticos se les integra con el resto de alumnos para intentar que su actitud se corrija con el reflejo de la actitud del resto de alumnado.

    Pues no, no se corrige, sino que además incita y forma grupos a su alrededor. Desde siempre se ha dicho que basta una manzana podrida en el cesto para que todas las manzanas acaben podridas.

    ¿La solución para este problema? Yo no la tengo, pero todo parte de la base de la educación recibida en casa de cada uno. Los padres somos los responsables de la educación de nuestros hijos y, además, responsables de sus actos hasta su mayoría de edad.

    Si un alumno comete una agresión sobre otro debe ser el centro escolar el que informe a los padres de las dos partes de lo que está ocurriendo. Pero el alumno agredido siente miedo y no lo comunica y aquí es donde el agresor se hace fuerte en su territoria, sabe que su sometido no dirá nada y no sólo continñua con su actitud sino que además las acentúa.

    A mí, la tutora de mi hijo menor me ha dicho sobre uno de los alumnos problemáticos que no pueden hacer nada, que la única solución que encuentran es esperar a que cumpla los 16 años para invitar a que se marche del instituto.

    Vamos a ver, igual que hay aulas de educación especial para los alumnos que tienen problemas para seguir el ritmo normal del resto de la clase, ¿no se pueden crear aulas especiales para este tipo de alumnos que interrumpen la normal actividad de las actividades educativas? ¿No se pueden apartar del resto para evitar que su actitud pueda contagiar a alumnos "débiles" que busquen el amparo de la protección del "jefe de la clase"?

    Mal camino llevamos, y lo peor es que cuanto más tiempo pasa, más difícil de corregir la situación. Alguien en algún momento tendrá que dar un golpe de timón y cambiar esta situación, porque de lo contrario los agresores se harán mucho más fuertes en su feudo y los sometidos tendrán cada vez más miedo de contar lo que sucede.

    Otro ejemplo. A mi hijo le cuesta mucho escribir, y muchas veces no le da tiempo copiar lo que ponen en la pizarra. Le pedí a su tutora que le dejara usar el móvil para hacer una foto a la pizarra y me dijo tajantemente que no, que el móvil no se puede ni usar ni llevar a clase. Bueno, llevarlo lo lleva, como lo llevan todos. Lo que me molesta es que los abusones usen los móviles para grabar sus fechorías, para burlarse de sus compañeros e incluso de los profesores.

    Como digo, esto no es un problema de leyes, sea la LOGSE o sea la LOMCE no van a venir un problema acuciante que vivimos demasiado cerca. Y lo peor es que todos los sabemos y pocos hacen algo para evitarlo y remediarlo. Aquí hay un problema más gordo de trasfondo.

    Y repito, el problema de todo parte desde casa.

    Perdón por el tocho, pero hay cosas que me pueden y no puedo dejar de comentar.
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  6. LA FORMULA 1 QUE NO VEMOS

    10 diciembre 2015



    Hace poco escribía un texto de agradecimiento a los años de retransmisión en abierto que desde 2004 nos ha brindado Telecinco primero, luego La Sexta y para finalizar Antena 3.

    Y agradecía por tantos años de dedicación a una serie de profesionales que han estado dando la cara desde entonces, al pie del cañón en cada Gran Premio desde los libres del viernes hasta el podio del domingo.

    Sin embargo, me olvidé de lo más importante, de los que no vemos. Esas personas invisibles que nunca salen delante de una cámara porque su verdadera labor está detrás de ellas, y que sin ellas ningún programa llegaría a nuestras televisiones.

    Montar la retransmisión de un Gran Premio tal y como lo vemos es muy sencillo. Llegas, montas los equipos en la cabina de retransmisión, pones al personal en el paddock con una cámara y un micrófono y listo, a emitir. Nada más lejos de la realidad. Lo que vemos es insignificante con lo que no se ve.

    La realización de un Gran Premio empieza con una reunión, donde se eligen los temas a tratar y a partir de ahí se elabora un guión para luego formar lo que en el argot se conoce como escaleta. La escaleta es una “escala de tiempo” de un programa, así se asegura cuadrar los temas con el tiempo de emisión. EN diferido es más fácil de hacer puesto que puedes editar y cortar partes para ajustarlas, en directo tienes que ceñirte estrictamente a un guión para poder ajustarse al tiempo de emisión, pero cuando se trata de montar un programa en directo con vídeos pregrabados la cosa se complica; el tiempo ha de coincidir a la perfección, no puede haber fallos. En los tiempos de actividad en la pista es más sencillo puesto que el directo es más fácil de llevar en función de cómo se desarrollen los acontecimientos de cada sesión. Pero durante los previos hay que llegar justo a la hora. La Fórmula 1 no espera a ninguna cadena, a la hora de empezar se empieza y punto, y el que no esté se lo pierde.

    Volvemos a la reunión donde ya están los temas decididos y hay que ponerse a trabajar, normalmente es lunes y comienza una carrera, una carrera para llegar a tiempo a la carrera del domingo.

    No hay tiempo que perder, cada uno se pone a trabajar y preparar el viaje, que para algunos será físicamente y para otros será vía satélite estableciendo la conexión con la parte del equipo que se desplaza al circuito.

    Los que se quedan tienen que montar el previo, las entradillas, los vídeos… Los que se van empiezan su periplo por aeropuertos y hoteles hasta llegar al punto de destino.

    Cuando se llega al circuito un miércoles todo es un caos, hay un lío tremendo, pero todo está organizado a la perfección, porque nada puede fallar. Allí se empiezan a concretar las entrevistas con pilotos y personal de los equipos, trabajo que no es nada fácil, no llegas y haces la entrevista; el jefe de prensa te da una cita atendiendo a la agenda. Si os habéis fijado, muchas veces cortan el directo para meter la entrevista porque “es la hora” y no esperan a nadie.

    Hay que hablar con la FOM, hay que comprar los vídeos que se van a usar durante el previo. En Fórmula 1 todo se traduce en una palabra, dinero. Porque la FOM no cobra a todos por igual, las cadenas recién llegadas normalmente pagan más que las que llevan años retransmitiendo carreras. Y ya, con todo el material audiovisual encima de la mesa la parte del equipo que se quedó en tierra trabaja a un ritmo frenético, hay que diseñar cabeceras, grabar audios, montar vídeos, cortar, editar, volver a grabar… Y así hasta que todos los vídeos que serán insertados en el previo quedan montados a la espera de la emisión para insertarlos en el momento oportuno.

    Hay entrevistas que, por falta de tiempo y por la comprometida agenda de los pilotos, son grabadas y luego emitidas.

    Jueves noche y la cabina está ya montada de cara a la recta de meta, todo el equipo está montado y probado, todas las pantalla reciben la señal de la FOM (Formula One Management) y la señal desde España. Se prueba el audio y el retorno para que nada pueda fallar. Los que se sientan en cabina ahora escucharán el sonido en directo y una vocecilla que les susurra al oído que viene a continuación, que reportero entra a continuación y con tal o cual piloto.

    Llegó el viernes, se ultiman los detalles y se prueban de nuevo todos los sistemas para estar, una vez más, seguros de que nada puede fallar.

    Y viernes y sábado se emiten unas nueve horas entre libres 1, libres 2, libres 2, previo de clasificación y clasificación. Así dicho suena fácil, pero teniendo en cuenta lo que hay por delante os aseguro que a los libres 1 ya llegas con cansancio acumulado como para regresar y ver la carrera en el sofá de tu casa. El sábado, tras recoger después de la clasificación el agotamiento ya empieza a hacer mella en el rostro de muchos. Porque aunque la actividad en pista se acabe el trabajo no termina, hay que escribir, hay que atender a los medios españoles, hay que pasar largos ratos al teléfono y luego está la familia, a la que normalmente dejas para el final, para que te deje un dulce sabor de boca antes de ir a descansar.

    El plato fuerte llega el domingo, con el previo y la carrera. En el previo hay que trabajar más que nunca en conjunto entre el equipo que está en el circuito y el equipo que está en la cadena para calzarlo todo sin errores, para que no se nota nada en absoluto, y así finalizado el previo con sus vídeos, sus entrevistas comienza la carrera. Desde la cabina sólo ves la recta de meta así que no queda más remedio que apoyarse en los monitores de señal de la FOM y el famoso Live Timming que ofrece en directo los tiempos de cada piloto en cada sector, el tipo de compuesto que están usando y las vueltas que lleva cada uno, la velocidad que han marcado en el paso por la Speed Trap (trampa de velocidad), la posición en pista de cada piloto… una cantidad de datos impresionante que manejar en un directo.

    Los que de una forma u otra hemos pasado algún tiempo detrás de un micrófono sabemos lo complicado y difícil que es montar un programa, porque no es llegar y hablar, hay un trabajo encomiable detrás de las cámaras y los micrófonos dignos de agradecer y de ser reconocidos por todos nosotros. Porque como he escrito al principio sin esas personas que no vemos, sin el que tira los cables, sin el que monta un decorado, sin el que pincha una cámara en realización, sin el intérprete que traduce las entrevistas… todo eso que vemos de viernes a domingo sería imposible de emitir.

    A todos ellos, a los que no vemos, a los que trabajan duramente para que nada falle va dedicado este texto, y a todos ellos los menciono a continuación. Los nombres que vienen a continuación son todo el equipo técnico que ha finalizado las emisiones de los Grandes Premios de Fórmula 1 en Antena 3, en la lista están los que salen delante de la cámara y los que no vemos nunca, a todos ellos gracias, pero muy especialmente a los que nunca hemos visto, porque sin ellos no hubiéramos visto nada.



    ANTONIO LOBATO - DIRECTOR

    MIGUEL ANGEL COBOS - PRODUCTOR JEFE

    ÓSCAR DEL CASTILLO - JEFE DE REDACCION

    MANUEL CASAIS - REALIZADOR

    JULIO MORALES - SUBDIRECTOR

    JACOBO VEGA - REPORTERO

    CRISTOBAL ROSALENY - COMENTARISTA

    PEDRO MARTINEZ DE LA ROSA - ESPECIALISTA F1

    LUCÍA VILLALÓN - REPORTERA 

    ELISABET ESTRELLA - REDACTORA
    JESUS BALLESTEROS - POSPRODUCTOR

    LUIS MIGUEL HERNÁNDEZ - POSPRODUCTOR

    ALBERTO MONTOYA -REDACTOR

    DAVID CASTILLO - AYUDANTE DE REALIZACIÓN

    FRANCISCO GOMEZ - AYUDANTE DE REALIZACIÓN

    JORGE DE LA HIGUERA -AYUDANTE DE REALIZACIÓN

    GORKA GARRIDO -AYUDANTE DE REALIZACIÓN

    LUIS ALONSO -DOCUMENTALISTA

    ALVARO GARCÍA -OPERADOR DE CÁMARA

    MARCELO GUTIÉRREZ - OPERADOR DE CÁMARA

    FRANCISCO IZPIZUA - OPERADOR DE CÁMARA

    ARTURO DURÁN - INTÉRPRETE

    JUAN MANUEL FERNÁNDEZ - PRODUCTOR

    PEDRO LLAMAS - PRODUCTOR

    ISRAEL ALEJANDRE -REDACTOR

    RAUL ROJO -REDACTOR

    GABRIEL DE LAS HERAS GRAFISTA

    ALEJANDRO SANCHEZ – GRAFISTA

    FOTO CORTESÍA DE ANTENA 3


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  7. Mi padre es de Boiro, un bonito pueblo costero de La Coruña con los típicos y tópicos del norte. Con sus gélidas playas, sus bateas para la cría de mejillones, sus bosques de pinos llenos de helechos y su montaña al fondo, en el horizonte, la Sierra de Barbanza.

    De pequeño nuestro lugar de vacaciones era este pueblo, en verano íbamos allí la mitad de las vacaciones de mi padre a la casa de mis abuelos. Boiro estaba dividido en dos partes, Boiro de Abajo donde estaba el pueblo en sí y Boiro de Arriba que es un diseminado de casas un poco retirado del pueblo que, como su nombre indica estaba en la parte más alta. Precisamente por estar retirado gozaba de unas preciosas vistas ya que desde la casa de mis abuelos se podía ver tanto la Ria de Arosa como la Sierra de Barbanza.

    La casa de mis abuelos era muy pequeña, era de madera y sólo tenía dos habitaciones y el hogar. No tenía ni aseo, había que salir al gallinero a aliviar las necesidades. Detrás del gallinero estaba el lagar donde se hacía el vino, mis abuelos tenían tierras de labranza llenas de vides y una prensa donde la uva se pisaba a la más antigua de las usanzas.

    De día todo estaba bien, la calor no agobiaba y el paisaje era estupendo. Mi problema era por las noches cuando la oscuridad se adueñaba del lugar. Recuerdo como la raposa aullaba por las noches muy cerca de la casa, tan cerca que había noches en las que el sueño vencía al miedo a altas horas de la madrugada. Lo peor era cuando mi abuelo me contaba historias de lobos que aún habitaban la sierra que se veía desde la casa. Lobos que una noche entraron y mataron a Morito, un pequeño perro que dormía bajo la entrada.

    Por si fuera poco más de una noche, en el silencio, se podían escuchar los aullidos de los lobos en manada por la sierra, y siempre, siempre, mis abuelos mandaban guardar silencio para escucharlos mejor. Silencio que a mí me aterraba pues recordando las historias que me contaban lo que menos quería yo escuchar era a los lobos campando a sus anchas.

    Las noches de verano eran muy tranquilas y estábamos hasta bien entrada la noche sentados al fresco, que allí era frío del bueno, mirando las luciérnagas y de fondo el oscuro camino que dirigía al pueblo.

    Ese camino era precioso de día ya que estaba lleno de zarzas donde se podían recoger moras y daba paso a las tierras de labranza y llevaba a un inmenso bosque de pinos donde los helechos me sacaban por entonces un palmo de altura y además había un pequeño riachuelo que siempre tenía cucharillas, lo que conocemos por renacuajos. La de tiempo que perdimos metiendo en botes de cristal los renacuajos para llevarlos a casa. En el final del camino justo donde empezaban los pinos construyeron un depósito de aguas, si ya daba miedo el camino de noche aquella estructura de hormigón en todo lo alto hacía que el medio se acentuara. De noche jugábamos a subir al depósito y traernos algo de allí arriba que demostrara nuestra valentía, la de carreras que me di yo camino arriba y camino abajo dándome patadas en el culo por no dejar mi hombría en entredicho.

    Con el tiempo el panorama cambió y mi tío Leopoldo se casó e hizo una casa grande junto a la casa de mis abuelos, la cosa ya cambió, las raposas seguían haciendo ruido por las noches pero allí ya no podían entrar, aquello era seguro, era como una fortaleza donde podías dormir tranquilo y seguro. Y además tenía aseos, así no tenías que salir al gallinero a aliviarte o aguantarte las ganas con las piernas apretadas hasta que amaneciera.
    De la casa de mi tío recuerdo cuando hicieron el pozo, pero hacerlo a maja y martillo, con barrenos de pólvora, nada de máquinas, recuerdo las voces cuando ponían los barrenos:

    - Fuego... fuego... vaaaaa.

    Y luego el retumbar de la dinamita bajo la tierra. La tarde que el jefe dijo que la tierra ya estaba muy húmeda fue una fiesta, el agua llegó al día siguiente, y fue otra fiesta.
    Hablando de fiestas, las fiestas en Boiro son a mediados de Agosto, una feria de día principalmente donde se puede ver como se malla el centeno mientras te cuentan como echaron a los franceses a bases de mallazos -un utensilio que sirve para aporrear el centeno sin piedad para desprenderlo de su cascara- y luego ventearlo para que el grano quede en el suelo mientras el viento se lleva la cáscara. El tiovivo junto a los churros que sirven pinchados en un alambre hace las delicias de todos junto a un camión que agasaja a los visitantes y los invita a mejillones.

    Precisamente fue por culpa de la feria el motivo de vivir una de las noches que más miedo he pasado en mi vida. Se me ocurrió, siendo ya un poco mayor, quedarme por la tarde en la feria y volver yo solito de noche a la casa de mis tíos, siendo mayor y habiendo recorrido varias veces el camino del depósito de agua ¿qué podía pasar?. Nada.

    Aquella noche era noche, pero noche no de las oscuras no, de las negras de las de verdad, de las de meter miedo. Tanto que me dio reparo tener que subir a solas la cuesta que llevaba a la casa. Además, para llegar a la salida del pueblo no tuve mejor ocurrencia que cruzar por la iglesia, que por entonces tenía las tumbas a sus pies, si ya había motivos para tener miedo, súmale el ponerte a pensar en los muertos que allí descansaban... y recordar La Santa Compaña no ayudó a mejorar la situación.

    El camino, por llamarlo de alguna forma, estaba negro como la boca de un lobo, maldita fue la hora que se me ocurrió quedarme yo solo en el pueblo, tentado estuve de volverme a casa de mi prima Pilar y quedarme allí a pasar la noche. Pero no, los había y los tenía que haber. Bueno, había una farola al menos, la que indicaba donde empezaba el camino y donde se terminaba la luz y luego había dos o tres repartidas por la subida para no perder el rumbo.

    Y allí empezó todo. Nada más adentrarme en el camino e iniciar la subida me empezó la inquietud y el mirar a todos los lados y escuchar ruidos. Pero ruidos de verdad, vamos, que en cuanto anduve unos pocos de metros de aquel oscuro callejón comencé a escuchar algo que se movía junto a mí, en el arriate por donde bajaba el agua los días de lluvia había algo moviéndose y haciendo ruido, gruñía. Igual que yo aceleraba el paso hasta la siguiente farola para intentar atisbar que era aquello que me acompañaba en la subida y en los escalofríos. Y llegó la siguiente farola, y al volverme a mirar a ver si adivinaba que bicho del averno estaba junto a mí observe aterrado que unos metros más atrás me seguía una sombra, alta, inmensa, me sacaba así a ojo unos dos metros de altura. ¿Miedo?, ay miedo, lo mío ya era terror. Y quedaba llegar a la tercera y última farola y el bicho del averno a mi lado haciendo ruido entre las zarzas.

    Acelero el paso y dejo atrás a la sombra, y de paso al bicho. Dicho y hecho, cuesta arriba no hacía ni frío, al contrario, el sudor empezaba ya a asomar. Y no era del esfuerzo no, era del miedo. Y conforme apretaba el paso la sombra también apretaba. Yo iba por el margen derecho del camino y la sombra avanzaba vertiginosa por la izquierda. De reojo y cada poco tiempo miraba si seguía tras de mí; no sólo seguía sino que además estaba cada vez más cerca y más grande.

    Por fin se vislumbraba entre la penumbra la luz tenue de la tercera farola, había que andar un poco más rápido, un poco más porque lo siguiente ya era empezar a correr. Y al apretar el paso el ruido entre las zarzas se hizo más fuerte y empezó a gruñir como si se enfadara de perder a la presa que había perseguido desde el inicio del camino en la oscuridad. Y de repente, en el silencio de la noche, en lo más oscuro del camino el silencio se rompió en mil pedazos y a punto estuvo de hacerlo mi corazón cuando la sombra que me perseguía se puso a mi altura y exclamó con voz profunda y aterradora:

    - ¡Toño!

    El corazón a mil por hora y a punto de salirse por la boca, por si fuera poco el susto con el alarido de la sombra en medio de la oscura noche, del oscuro camino, del miedo que yo tenía; el bicho que rugía durante todo el camino salió espantado de entre las zarzas y fue justo entonces, justo entonces cuando sentí eso de "ponerse el pelo de punta" pero del miedo que tenía en aquel momento, el miedo me atenazaba, el bicho corría cuesta arriba y la sombra volvió a repetir "¡Toño!".

    La sombra no era más que el señor José, vecino de mis abuelos que había perdido uno de sus cerdos en la tarde, cerdo que vino todo el camino acompañándome con sus gruñidos, el bicho de averno vamos. El señor José vio como me adentraba en el camino y decidió acompañarme, pero yo iba tan rápido que no pudo darme alcance hasta haber recorrido casi las tres cuartas partes del camino. Al ponerse a mi altura me llamó tal y como lo había hecho hasta entonces. De José Antonio, Antonio; de Antonio, Toño.

    Llegué a casa sudando y con el vello de punta. Aún andaban despiertos esperándome, como sabiendo que algo me iba a pasar. Les conté lo que me había pasad y hubo más fiesta, porque todos se acostaron entre risas gracias al miedo que yo había pasado subiendo por el lúgubre camino que lleva a Boiro de Arriba. De mientras yo escuchaba sus risas desde el baño, que por suerte ya estaba dentro de la casa, de lo contrario hubiese aguantado hasta por la mañana aunque reventara.


    Volví algunos años más a Boiro en fiestas, nunca volví a subir de noche solo por ese camino. 
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  8. La Blanca Oscuridad

    06 julio 2015

    Me decía hace un rato un amigo "Pa ti es la vida compadre", y me quedé pensando en la imagen que doy al exterior.

    Imagen de un tío que va sonriente por la vida, con mis locuras, con mis payasadas, con mi frases de buenos días cada mañana. Pero no es oro todo lo que reluce, ¿pensáis que mi vida es toda de color de rosa? Nada más lejos de la realidad.

    Todo esto tuvo un punto de inflexión, un momento de cambio. Hace ahora casi un año, concretamente el 19 de Julio, aconteció en mi vida el punto y final a un momento amargo que duró casi tres meses. Algo que me hizo recapacitar sobre que hacía, como iba por el mundo y que debía cambiar.

    Es complicado de explicar en unas pocas líneas, pero para que os hagáis una idea yo iba diciendo a la gente mis penas, mis problemas... y no. La gente no quiere escuchar nuestros lamentos, bastante tienen ya con los suyos como para encima ir escuchando sin pedirlo los ajenos. Cada uno tiene sus propios problemas y los sobrelleva como buenamente puede y le dejan.

    Amargamente me tocó aprender el significado de una expresión que no entendía "ser patético". Si, eso de ir contando los problemas e ir dando pena por la vida. Un grupo de gente se percató de ello, y de otras cosas, y me lo plantaron en la cara. Pero cuando estás ciego ves poco más allá de tus narices, y yo no supe verlo hasta pasado un buen tiempo.

    No les doy la razón a ese grupo de gente, porque las formas no me parecieron del todo correctas, ya que fui el punto de mira y objeto de risas de mucha gente.

    Sin embargo, comprendí que el problema venía desde dentro y había que hacer algo y cambiar. Y me aislé para reflexionar dejando de lado algunas cosas que hasta entonces hacía para poder pensar con más claridad. Mi querida radio, cuanto la echo de menos.

    Se acabó, lo entendí, no hay que ir por la vida dando pena. Hay que ir dando alegrías, que bastantes problemas tiene ya cada uno como para encima tener que cargar con los demás.

    Octubre fue el mes de prueba y Noviembre el mes del proyecto. Acabé para siempre de dejar de plantar mis problemas en la cara de la gente y decidí plantar sonrisas en los rostros grises de los que a diario me rodean, de los que a diario me leen; que no son pocos.

    Y ocurrió, ocurrió que la gente de buenas a primeras empezó a sonreírme más, a darme los buenos días a mí paso y devolverlos con una sonrisa.

    En Navidad, la peor de las épocas en la tienda, andaba yo cabizbajo por tener que estar todo día en la tienda encerrado con mis clientes. Una mañana me encontré con mi amiga Loli y me contó que ellos pasarían las navidades en un hospital en otra ciudad, su sobrino había tenido una recaída fuerte y tenía que tenerlo ingresado hasta pasado Reyes para observarlo. Miserable de mí, quejarme por tener un trabajo al que poder asistir día a día. Miserable de mí, quejarme porque podía ver a mi familia todos los días al salir de trabajar.

    Entendí poco a poco en este tiempo que la gente no busca que le vayas contando tus problemas, que la gente lo que quiere es simplemente ser escuchada con un poco de atención.

    Y te das cuenta que -como dice la fábula "detrás de ti siempre viene alguien aprovechando los despojos que tú vas dejando"- y que la frase "mal de muchos consuelo de tontos" hay que cambiarla por un oído que escuche y un corazón que comprenda.

    Supongo que esto que escribo a la mayoría os sonará a chino, pero a mí me ha servido para recibir más sonrisas, más besos y más abrazos. Traducido es más felicidad recibida y, a la postre, más felicidad devuelta.

    A todos los que habéis contribuido de una forma y otra a que mi oscuridad sea un poco más luminosa, a que mí luz contribuya a iluminar la oscuridad de otros... gracias.
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  9. Cuarenta y ocho

    22 junio 2015

    Dicen que cumplir años en inevitable, pero envejecer es opcional.

    Y así me siento hoy, más joven que nunca. No te pesan los años, te pesa la edad mental. A mis cuarenta y ocho años recién cumplidos no me siento para nada viejo o mayor. Al contrario, tengo más ganas que nunca de hacer cosas nuevas, de reinventar, de vivir.

    Quizás por las mañanas cuando me aseo y me veo las canas frente al espejo me invade ese sentimiento, pero no es vejez, es experiencia aprendida de los años pasados. Es tiempo invertido y nunca perdido. Es tiempo que ha pasado y del que puedo presumir de haber vivido.
    Y algunos, mis más allegados, saben que los días no pasan en balde, que cada día cuesta un poco más hacer, pero las ganas superan a los años. 

    El tiempo pasa para todos y para todo. Nos hacemos viejos queramos o no, hay que intentar a toda costa que lo único que se arrugue sea el envoltorio y que lo de dentro permanezca intacto y reluciente. Para que los que se acerquen y sean capaces de llegar al interior descubran que hay una persona jovial y con ganas de vivir.

    Tengo la suerte de haber vivido dos maravillosas épocas en la vida, la era analógica donde lo que había era lo que tenías cerca y la era digital donde las redes sociales y la tecnología nos hacen proyectar nuestras vivencias y pensamientos más allá de nuestras fronteras. Y puedo presumir con orgullo de que, en esos dos mundos, tengo grandes amigos.

    La amistad, valiosa palabra, y más aún el día en que cumples años. Ese día en que se acuerdan de ti y te felicitan. Aunque hay muchos que se quejan de que Facebook es un chivato y que esos que te felicitan por las redes sociales sólo se acuerdan de ti ese día a mí realmente me agrada que se tomen un momento de su tiempo para dedicarme unas palabras.

    Tiempo, valiosa palabra, eso que tanto valoramos y que cada día es un bien más escaso. El tiempo que empleas en dedicar unas palabras a ese que hace mucho que no ves es tiempo invertido en que el felicitado se acuerde te ti al leerte.

    Palabras, valiosas palabras, esas que aún escritas con actitud de compromiso te acarician el alma y te hacen recordar que no estamos solos, que aquí venimos a compartir y a vivir, a llenar espacio y reconfortar.

    Por eso, por los que se acuerdan de uno en este día señalado que te miras al espejo y dices "un año más viejo", agradezco a todos los que a partir de este momento vais a perder un minuto de vuestro tiempo en felicitar al que suscribe estas palabras.

    Antes de que comencéis a felicitarme ya os llevo dos curvas de ventaja y soy yo es os felicito y agradezco por perder un minuto de vuestra vida en felicitar al loco que suscribe estas palabras.

    Así que... GRACIAS de antemano.

    P.D. Sé que lo correcto es agradecer tras recibir las felicitaciones, pero como buen loco que soy me gusta darle las vueltas a las cosas para ver que sucede.

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  10. Hijos que tenéis padres

    02 junio 2015



    Iba a empezar a escribir esto con un fandango que dice "¿Que te has creído renacuajo?", pero creo que no es apropiado porque esto no va dirigido precisamente a niños, aunque tampoco va dirigido a adultos. Esto va escrito para vosotros, queridos jóvenes, hijos nuestros, hijos de nuestros dolores y sufrimientos.

    Cada día escucho, leo y vivo situaciones difíciles entre hijos y padres. Hijos que quieren imponer la razón, padres que quieren hacer entender la razón. En ocasiones el momento se vuelve tan tenso que se llega a las palabras en voz alta, y en las peores ocasiones a las palabras malsonantes.

    Dejadme que os diga una cosa, todos los padres hemos pasado por vuestra edad, todos los padres para llegar hasta aquí hemos vivido todo aquello por lo que vosotros estáis pasando, todos los padres hemos sido hijos. Aunque nuestra época quizás fuese mas fácil de vivir porque no había esos cachivaches que ahora se usan como el ordenador, la consola o el teléfono móvil que os mantienen 24 horas al día conectados con el exterior. Quizás, este exceso de conectividad sea el causante de muchas de estas situaciones.

    Porque cuando un padre o una madre se dirige hacía su hijo o su hija lo único que quiere es un poco de atención, cuando os miramos a los ojos sólo queremos que nos miréis; si no es a los ojos, por lo menos a la cara. Normalmente, en la mayoría de las conversaciones entre padres e hijos siempre suena el móvil, esa conversación tan importante que hay que atender sin pérdida de tiempo haciendo pasar la conversación humana a un segundo plano.

    Nos ha tocado vivir a todos una crisis que ha provocado que muchas familias estén atravesando una situación de verdadera dificultad. Aún así, queridos hijos, un padre o una madre siempre renunciará a algo suyo para intentar daros a vosotros, en la medida de lo posible, todo lo que os haga falta. A veces perdemos los nervios y os levantamos la voz, porque ya no nos acordamos que cuando fuimos jóvenes y acabábamos las conversaciones con nuestros padres a voces y a portazos.

    Con cada portazo, con cada voz mas alta de la cuenta a los padres se nos rompen pedacitos de ilusión, y nos quedamos en silencio, frustrados, pensando que algo no hemos hecho bien.

    Ni lo hemos hecho bien, ni lo hemos hecho mal. Simplemente hemos hecho en cada momento aquello que hemos considerado lo correcto para vosotros. Somos conscientes que cuando nos cerramos en nosotros mismos y nos damos la espalda, lejos de arreglarlo lo que hacemos es empeorarlo y alejarnos de vosotros un poco mas.

    Situaciones tensas que si luego las miras con calma son una auténtica tontería. Porque no me negaréis que una discusión por lo que hay para comer después de haber pasado una mañana de infierno en el instituto unos y en la cocina otros es lo mas absurdo que hay en la vida, o por escatimar media hora para llegar a casa a la hora que sea cuando al final hay toda una vida por delante para disfrutar.

    Sin embargo, pensando en la soledad y viajando al pasado, nosotros hemos hecho casi lo mismo que vosotros, ¿renegar de la comida?, no no, para nada. Lo que hicimos y lo que hacéis vosotros ahora es sentirnos el centro del Universo. Nada mas equivocado. Ninguno somos nada y todos somos parte de un todo. Aunque peleemos, aunque discutamos, aunque acabemos a voces... os necesitamos, y vosotros a nosotros también.

    Hijos que tenéis padres, algún día, en medio de una discusión con vuestros hijos os acordaréis de estas palabras y haréis valer aquella frase que dice "cuando seas padre, comerás huevos". Y es que te los comerás, fríos o calientes, crudos o demasiado hechos, porque es lo que hay.

    Hijos que tenéis padres, mañana por la mañana, antes de empezar a hablar con nosotros, respirad hondo, dejad el móvil lejos e iniciad una conversación en tono amable y conciliador.

    Eso si, queridos hijos, nunca os calléis si nos equivocamos. Tenemos mucho que aprender de vosotros.
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